Sin ánimo de ofender...
jueves, abril 07, 2005
  TIPOS DE GENTE QUE SE ME HACEN ESPECIALMENTE INSOPORTABLES

- el comercial
- el egocéntrico
- el intelectual
- el bohemio capitalista
- el snob
- la que vale mucho
- el tertulio
- el localista
- el comentarista deportivo
- el soso
- el quejica
- la radioaficionada
- el visceral

El comercial:

Ya sólo imaginármelo me están dando ganas de abandonar esta galería de ilustres personajes. Este tipo de gente es la que si te toca en la mesa de al lado en el restaurante donde estás comiendo, te sienta mal la comida. Normalmente es gente que va impecablemente arreglada (al menos, eso creen ellos por que me diréis que el traje color crema sienta bien a alguien de 1.60 cms.), usa oro por doquier, a ser posible dos relojes, tienen un coche imponente, probablemente el ahorro de toda su vida, presumen de sus conquistas femeninas y de sus conocimientos en todas las materias. Son tan superficiales como la canela en el arroz con leche, dan continuas patadas al diccionario, se empeñan en emplear términos técnicos que habrán leído en alguna revista que regalan en los hoteles, te presentan su muestrario de bolígrafos como si te estuviesen vendiendo un producto de tecnología punta, presumen de saber beber y comer, de tener amigos altamente situados, de estar al tanto de todo, etc. En fin, a evitar RIGUROSAMENTE.

El egocéntrico:

Como su nombre indica es aquel que cree que el mundo gira alrededor de sí mismo. En su conversación la palabra más utilizada es "yo". Es el alma mater de su empresa, el eje de la cuadrilla de amigos, etc. Le gusta invitar en los bares, no por un arranque de generosidad, sino porque piensa que él es el único que puede permitirse esos dispendios. Sabe más de medicina que los médicos, más de economía que los economistas y más de trampas al fisco que los abogados. Es campeón de mus, póker y canicas, ha tenido miles de accidentes de coche, avión, globo o paracaídas, e incluso sabe más sobre tí que tú mismo. Además, y por si fuera poco, su sapiencia la transmite a grupos de personas, quieran o no, dado el volumen con el cual suelen expresar hasta sus más íntimas confidencias.

El intelectual:

Persona habitualmente con estudios superiores, que lee periódicos y revistas extranjeras, que es amante de la música polifónica de principios de siglo y de los autores clásicos griegos (a ser posible en griego original), que es tan elitista que automáticamente te colocan el estigma de paria si te oyen mencionar algún regate mágico de Ronaldo, que se cree que por ser ingeniero o matemático tienen más peso específico sus opiniones sobre la situación política actual, o el enfrentamiento Norte-Sur, presume de su aislamiento voluntario, considera vulgar una buena juerga con los colegas, es maniático, dictador, enamorado de su inteligencia y, más que amigos, busca cobayas sobre los que descargar sus excesos cerebrales.

El bohemio capitalista:

Normalmente licenciado en letras, con pinta de intelectual zarrapastroso, fuma en pipa y anda en zapatillas y bata por casa, le gusta la música del incomparable John Coltrane, aunque de vez en cuando le gusta poner algún disco de Hilario Camacho u otros cantautores de finales de los 70, lee un montón de libros, la mayoría insoportablemente aburridos, de autores sudamericanos como Bryce Echenique o Julio Cortázar, le gustan las películas checoslovacas en versión original con subtítulos, las interminables charlas alrededor de un café, visitar lugares con tradición y que perduran a través de los tiempos y asistir a conciertos de Ana Belén o Joaquín Sabina para encender el mechero al recordar las baladas de aquellos tiempos. Pero, cuando los conoces, te das cuenta de que son pura fachada, que la películas de arte y ensayo le parecen tan aburridas como a cualquiera de los demás mortales, que le gustaría leer una novela de Stephen King, y que le encantaría que Mecano volviese a sacar un nuevo disco.

El snob:

A este especimen que, por desgracia, no está en peligro de extinción te lo puedes encontrar en cualquier lado...en la barra del bar, por ejemplo, pidiendo un Stolysnaia con tónica, tres hielos a ser posible en forma de pirámide, en vaso ancho y con tres gotas de lima tropical de las Bahamas occidentales. Luego a la hora de la verdad, le ponen ginebra de garrafón y ni se entera el espabilao. Siempre están a la última, sus gustos coinciden curiosamente con los de las revistas más "in". En realidad su afición por tener un gusto exquisito y muy personal no es más que su forma de ocultar que no tienen una idea propia desde los tiempos que jugaban con el madelman

La que vale mucho:

Licenciada en Económicas o Derecho, ejecutiva en una multinacional, normalmente bajita, muy habladora y a la que le gusta mucho rodearse de hombres que, por supuesto, no sean tan brillantes como ella. Se siente triunfadora en un mundo de hombres y pobrecito el que le lleve la contraria. Le gusta hablar del trabajo hasta en la ducha. Es conservadora, no bebe, fuma como los hombres, viste clásico pero de marca y es de moralidad y costumbres intachables. Utiliza como nadie el teléfono móvil y le gusta parecer ajetreada y con prisas. Muy amantes de volar en avión circulan por los aeropuertos como pequeñas cucarachas estridentes.

El tertulio:

Le gusta discutir con todos y sobre todos los temas. Le encanta escucharse a sí mismo. Tiene una cultura de andar por casa llena de citas de autores clásicos o filósofos de renombre. Cualquier tema lo convierte en una maratoniana sesión de charla inocua. Se otorga a sí mismos el papel de experto independiente aunque su mensaje está lleno de banalidades, errores y frases huecas. Frecuenta mucho la radio, ya sea en programas matinales, vespertinos o nocturnos, tan amplia es la gama de su conocimiento. Eso sí, sabe nadar y guardar la ropa y cualquier acontecimiento que suceda en el mundo nunca le pilla de sorpresa.

El localista:

Habitante perpetuo de cada pueblo o ciudad. Conoce al dedillo todas las historias relativas a su lugar de origen y están esperando a que algún incauto se muestre ignorante de la historia o geografía del lugar que habitan para soltar un largo panegírico para ilustrarnos sobre cómo esa casa a la que no hemos prestado en su momento la debida atención sirvió de solaz descanso a Isabel La Católica al sentir un apretón inoportuno que le sorprendió cuando se dirigía a reconquistar Granada, o como el excelso compositor, e inventor del acordeón policromático, Antonio Santalaolla pasó largos períodos de su infancia en aquel patio trasero. Puede hablar horas sobre el tema y su única utilidad es la de entretener a la carabina de turno mientras uno se dedica a menesteres más "tangibles".

El comentarista deportivo:

Es el prototipo del veleta. Muy ducho en temas deportivos, mejor no sacarles de ahí para evitar ponerles en un brete, siempre navega a favor de la corriente y tiene claro desde un principio quién va a ser el vencedor de cualquier lid deportiva o extradeportiva. Lo malo es que siempre afirman esto "a posteriori", es decir, una vez conocido el resultado cuando se oye la peculiar frase de: "Ya os había dicho que el resultado iba a ser el que finalmente ha sido", aunque ninguno de los presentes recuerda haberle oído vaticinarlo sino más bien todo lo contrario. Utilizan cuatro palabras cuyo real significado probablemente desconocen y son insistentes en la utilización de adjetivos superlativos, como clamoroso, impresionante, increíble, sensacional, etc. Además hablan a gritos y son muy proclives a los cambios de ánimo.

El soso:

No sé si os habréis fijado pero siempre que entra un grupo de chicos o chicas jóvenes en un bar el que entra el último siempre suele ser el mismo: un tipo feo, con gafas, con el pelo aparentemente sucio, con una sonrisilla tonta permanente en la boca, que no dice ni pío y que se coloca en algún lugar donde pase desapercibido. Es el clásico instrumento que utilizan muchos de los personajes descritos en anteriores párrafos que, cuando se han quedado sin público, se aprovechan de la necedad de éstos y de su afán por integrarse y tener al menos un poco de compañía, para someterles al tercer grado. No beben, ni fuman, son sexualmente inocuos y, normalmente, tienen alguna afición solitaria, y no me refiero al onanismo, sino que son amantes de la informática, los comics, el cine o escribir banalidades en un weblog.

El quejica:

Nada le satisface. Da igual que llueva o deje de llover, que la comida esté fría o caliente, que su equipo preferido gane o pierda, etc. siempre hay un pero, algo que no le satisface y en ese punto es en el que este individuo se fija. Suelen ser muy habituales en las "encuestas callejeras" o "qué opina la gente". Abundan mucho entre gente del campo para los cuales siempre ha llovido demasiado y demasiado poco al mismo tiempo. Sólo ven lo negativo. Un contacto continuo con uno de estos puede inducir al suicidio (o al asesinato si se es un altruista)

La radioaficionada:

Siempre con el transistor a cuestas, su característica más importante es la propagación, a través del patio vecinal o cualquier otro elemento conductor de altas prestaciones, de rumores, noticias falsas e inverosímiles y medias verdades a medias (es decir, un cuarto de verdad). Arma mortífera donde las haya pueden terminar, de golpe o porrazo, con una carrera labrada a base de ímprobos esfuerzos, mediante frases como: "He oído en la radio que una amiga del amigo de la hermana de... etc." Creo que la convención de Ginebra debería de tomar cartas en este peliagudo asunto.

El visceral:

Debe de ser un gran aficionado a los espacios abiertos porque siempre que están encerrados, en un bar normalmente, sienten un ímpetu irrefrenable de que alguien le repita las cosas "ahí fuera". Grandes amantes de imponer su opinión mediante el democrático medio de o conmigo o contra mí, todo lo que oyen lo convierten en algo personal e incluso hablar del tiempo puede ser altamente peligroso para la integridad de uno. Curiosamente, este tipo de individuos suele tener una corte de aduladores detrás de él cuya función en la sociedad todavía me resulta inexplicable. 
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Me parece que me he perdido...

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