Hacía tiempo que no tenía un despertar tan placentero como el de hoy
Normalmente, cuando una chica se queda a dormir en casa, al día siguiente no hay forma de despertarla ni a tiros. Y te tienes que levantar y vestir a oscuras y cuando sales a la luz te das cuenta de que te has puesto sus bragas, que llevas una camiseta tres tallas inferior y unos zapatos de tacón de siete numeros menos que los tuyos.
Pero hoy no. La chica se ha despertado antes que yo, se ha movido sigilosamente entre las sábanas, y se ha puesto a trabajar. Al principio he sentido un leve cosquilleo que venía de mis entrañas. Posteriormente me ha estremecido una agradable sensación que ha invadido todos mis sentidos. He abierto los ojos y allí estaba ella, a mis pies, con el asunto entre manos. Le he sonreído:
- No es necesario, a no ser de que quieras que me case contigo
- No te preocupes cariño. Me encanta hacerlo. Sé lo que os gusta a los hombres que os despierten así. Tu, relájate y disfruta.
Me he incorporado para buscar una postura más comoda. He cerrado los ojos brevemente y me he relajado pensando en cuando fue la última vez que empezaba tan bien un día. Y es que...
Hacía tiempo que no me traían el desayuno a la cama.